jueves, 17 de noviembre de 2011

Recién leído: El temor de un hombre sabio


Necesito madurar un poco lo que voy a decir acerca de este libro. Necesito saber qué os puedo contar y no contar para no desvelar nada de esta maravillosa obra de arte. "El temor de un hombre sabio" es un interludio entre "El nombre del viento" y la tercera parte de esta historia "La puertas de piedra" y espero que no me sepa a poco. No sé si Rothfuss va a ser capaz de cerrar todo el círculo.

Es sencillamente fascinante.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Los problemas de nuestra sociedad (II) El Empleo

El desempleo sube y seguirá subiendo y la riqueza no se va a repartir. No hay que ser un especialista, ni un técnico, ni un analista, ni un Cum Laude para llegar a esta reflexión basada en estos datos.

- Cada vez somos más personas en el mundo. De hecho la población en el mundo se ha duplicado en los últimos 50 años. Como cada vez somos más, se necesitan más cosas (alimentos, ropa, complementos...)
- Cada vez hay más puestos de trabajo sustituidos por máquinas/tecnología.
- Por tanto, cada vez va a haber más desempleados: Aumenta la población y se reduce la cantidad de empleo humano.
- ¿Quién se va a enriquecer? Los propietarios de las máquinas/tecnología, los que financien a esos propietarios y los que suministren la energía (ya que las máquinas viven de esa energía).

Es inevitable darse cuenta de que la situación va a ir cada vez mejor para unos, que cuando sienten un leve crack (como esta crisis) simplemente ven cómo se reducen sus beneficios, y peor para otros: todos los demás.

Detección de problema y solución
Por tanto, el problema es o que hay demasiadas máquinas o que somos demasiados. Como lo primero no lo vamos a querer ni poder cambiar ya que sería muy difícil renunciar a la tecnología y la solución sería atacar a las máquinas (algo que incluso a mi me resulta de Ciencia Ficción) el problema es que vivimos demasiado por lo que creamos un nuevo objetivo: Reducir la esperanza de vida.
Si el objetivo es este, todas las medidas adoptadas por todos los gobiernos van en la dirección equivocada. Recuperemos el tabaco, aumentemos la velocidad en carreteras, legalicemos las drogas, eliminemos la tasa de alcoholemia al volante, fomentemos las ligaduras de trompas, los abortos y las vasectomías, reduzcamos el personal sanitario, no curemos las enfermedades graves, reinstauremos la pena de muerte, hagamos controles de natalidad y montemos un nuevo juego en los estadios: Gladiadores

- Curiosamente es la misma conclusión de Los problemas de nuestra sociedad (I)

lunes, 25 de julio de 2011

De princesas, o no

Priscila paseaba por los campos del reinado mágico de Ponfenorte del que su padre era un honrado y querido rey. Priscila correteaba con su peinado de princesa sobre el que relucía una corona de princesa, con su vestido rosa de princesa, con sus relucientes zapatos de princesa y su belleza fascinante de princesa.
Sonreía e iluminaba a todo cuanto ella quería mientras correteaba por los campos. Por allí por donde pasaba brotaban florecillas que adornaban el mónotono verde frondoso de los campos. Se acercó al río, donde ocurrían las cosas más mágicas de todo el reinado, pues era donde iban a parar todos los sobrantes de las pociones del gran mago Lopulo, amigo y consejero del rey.
Allí se encontró con un enorme, feo y verde sapo que lucía una corona de príncipe. El sapo, en vez de croar, habló.

- ¡Vos sois la Princesa Priscila! ¡La más bella entre las bellas! Yo soy el Príncipe Carlo, me he visto atacado por el malévolo rey oscuro que pretende evitar nuestra boda con el objetivo de casar a su hijo contigo. ¡Si me besas se deshará el conjuro y podremos ser felices!

Y ella le besó, esperando a que una mágica transformación convirtiera a Carlo en el joven guapo que siempre había sido, pero no pasó nada. Simplemente un desagradable sabor a sapo feo y gordo se apoderó de su paladar. Priscila entró en cólera.

- ¡Me has engañado! ¡Maldito bicho asqueroso! ¡Eres un engañaprincesas y todo el poder de Lopulo recaerá sobre ti!

Todo se ensombreció, nubarrones negros aparecieron de la nada y las flores se convirtieron en zarzas con pinchos afilados, hasta que el sapo habló.

- Perdona, guapita, yo sí sé que soy un príncipe. ¡La que no debes ser princesa eres tú pues solo una princesa de verdad deshace el conjuro!

Priscila se quedó blanca. Primero le entró una gran duda y posteriormente un miedo terrible la invadió... ¿qué sería de ella si eso fuera cierto y todo el mundo descubriera que no era una princesa real, que no era la heredera? Ella no había sido capaz de deshacer el hechizo que únicamente una princesa real desharía. Solo había una criatura que lo sabía: el sapo.
Cogió al sapo y lo escondió bajo su capa con la determinación de que nadie lo encontrara.

- Te esconderé donde nadie te encuentre.
- No funcionará, todo mi reinado me está buscando.

"Tiene razón" pensó ella... "al final le encontrarán y me descubrirán", tras ese pensamiento se le cambió el gesto en la cara. Lo que era miedo se convirtió en seguridad, en apenas un segundo su traje rosa se convirtió en una túnica negra y comenzó a estrangular al sapo. El sapo gordo, feo y verde se fue volviendo azul, la lengua larga de sapo estaba fuera de la boca y los ojos casi desorbitados. Las uñas de Priscila crecían por momentos.

- Be... be... besa... ¡BÉSAME! - Fue lo último que pudo decir el sapo antes de exhalar su último aliento.

Ella se sorprendió al escuchar esa última palabra. El sapo yacía muerto. Se puso a llorar, no pudo evitar darle la última voluntad al sapo y le besó. Y la magia apareció y el sapo recobró vida, y se fue transformando poco a poco en el Príncipe Carlo, guapo, elegante, con su piel de príncipe y sus gestos de príncipe. Priscila, asombrada, seguía llorando.

- ¿Qué ha pasado?
- Hiciste lo necesario para ser la princesa.
- ¿Cómo es posible?
- ¿Cómo crees que nació el primer rey? No nació siendo el heredero de nada, simplemente hizo lo necesario para ser un rey.
- Si ha de ser así, no quiero ser princesa nunca más.